INTERVIEW:

 

21 DE MAYO DE 2000

FERNANDO ARRABAL

«Soy como Lenin, Tristán, Sócrates, Frankensteín con un encanto loco»

 

 Dramaturgo, director de cine, maestro de ajedrez, pin-tor, poeta, visionario genial y sobre todo irreverente icono-clasta que gusta pulverizar el «canon» de las verdades preestablecidas para jugar con ellas a ser Dios, podrían ser algunos de los mil rostros de ese «enfant terrible» llamado Fernando Arrabal, al que los «mandarines de la cultura» no dejan de fustigar para que conduzca sus descarriados pasos hacia «el eterno sende-ro de la verdad». El autor vivo más representado en los tea-tros de los cinco continentes y fundador del movimiento «Pánicó», del que autores como Beckett, Cela, Kundera o Goitysolo dicen que si no exis-tiera habría que inventarío, estará en León el próximo 3 de junio para hablar de algo muy querido para él, como es el ajedrez; disciplina en la que su maestría brilla a igual altura que la de su agudo ingenio.


TEXTO: M. A. NEPOMUCENO
FOTOS: EFE

 Cualquier cosa que a ahora se diga sobre la obra o la persona de Arrabal corre el riesgo de ser mal interpretada, puesto que él mismo se ha esforzado lo indeci-ble por dar esa sensación de ambigüedad que de continuo impregna todos y cada uno de sus escritos y declaraciones. Pero lo que sí es cierto, es que, a estas alturas de sus dilatada existencia, Arrabal se ha revelado como uno de los más grandes escritores en lengua castellana del presente siglo, «que posee -en palabras de Cela- ese incalcula-ble tesoro de tener voz propia, que es la condición indispensable para poder hacer-se un sitito en ese confuso limbo de lo
injusto que se llama Parnaso. La obra de Arrabal está por encima y a un lado de la anécdota y de la representación y más allá de las tendencias y de los caprichos». Sin embargo, tras este bifaz de contestata-rio juguetón, de aventajado epígono de Cervantes, al que admira por encima de todas las cosas, está el Arrabal humano, tierno, tremendamente sensible a las injus-ticias sociales, contra las que tanto luchó desde dentro y fuera de España con los misiles de su ingenio y la pólvora de su palabra. Como buen socrático, buscador infatigable del amor porque, al carecer de perfección y sabiduría, lo único que le queda al hombre es buscar el amor a cual-
quier precio. «Aunque, podría ser, dice, que el amor no sea más que la suma de la pobreza y la angustia. O, simplemente, la búsqueda ansiosa de una carencia. Es decir, del alma».
Su cine y su pintura son el reflejo de esa búsqueda compulsiva y de esa denuncia despiadada, sin concesiones, que sacude las fibras de quienes miramos al mundo desde las premisas de la no intervención. Mística y humor, sexo y hedonismo en dosis lo sufi-cientemente concentradas se combinan para hacer de su arte la expresión más aca-bada de su concepto de la libertad creativa. Para el lector convencional esta entrevista concedida a Diario de León rompe, como todas las suyas, cualquier formalismo pre-establecido, saltándose a la torera todo atisbo de mantener un hilo conductor lógi-co o temporal. Más bien es una sucesión de pensamientos, sensaciones y recuerdos. Opiniones contradictorias, afirmaciones rotundas; a veces, demasiado rotundas para ser tomadas al pie de la letra, pero siempre portadoras de un pragmatismo sobrecoge-dor. Los Leit-motiv que a lo largo de su vida han ocupado un lugar primordial en su peculiar forma de ver y sentir la vida, apa-recen una y otra vez para servir de fusta al lector acomodaticio y de revulsivo para quienes se limitan a admitir todo lo que esos «mandarines culturales» señalan como verdad de fe.


- Usted siempre ha sido un ferviente defensor de todo lo español y, a veces, nuestro mejor embajador en el extranjero, ¿por que no ha regresado a España?
-Tras
las crisis racisto-patrióticas que hay en el mundo entero, pienso que mi elección de vivir fuera sólo puede molestar a patrio-teros y chauvinistas. España es un país renovador. Es lógico que un «español» ini-cie esta revolución. No soy un tiesto. En
vez de raíces tengo piernas. Y es bueno que la gente no tenga por qué inscribirme en un equipo, en un clan.
- ¿Por que se marchó?
- Porque en España no comprendían lo que estaba haciendo. Porque en aquel momen-to muchas de las obras que yo estaba escri-biendo no podían estrenarse aquí. En aquel momento lo más importante para mí era el arte. No soportaba lo que había allí. Todo olía a fascismo, pero un chico de diecinue-ve años lo único que tenía que tener era no tener ideas, porque todos aquellos que sabían lo que era la política estaban en la cárcel, en el exilio o sencillamente se callaban.


¿Qué ciudad elegiría en caso de regresar a España?
- Creo que Alcalá de Henares y, más con-cretamente, el barrio judío, pero no permanecer allí sino saltar a otros lugares.
- ¿Le gustaría pertenecer a algún sitio?
- En absoluto. Los sitios echan de menos el que yo pertenezca a ellos. Por eso ponen plazas y calles con mi nombre. Para ellos, yo soy muy importante.
- Entre sus muchas dedicaciones destacan el cine, la pintura y el ajedrez y, más con-cretamente, este último, en el que usted además de ser un fuerte jugador ha escrito varios libros sobre la materia y sobre Fischer, al que tanto admiró. ¿Continúa pensando que Fischer sigue siendo aquel campeón que usted tanto admiró?
- Ese héroe del ajedrez es un fanático ro-deado, según él, de infamia. Más que aluci-nado se siente impotente en un laberinto sin fin de «abyecciones» y enemigos.
- ¿Cree que el siglo XXI será espiritual en el mundo del ajedrez?
- En mi caso personal (tan diferente al de ese campeón ) sólo existo en mi espíritu. El espacio y el tiempo son indeterminados. ¿Cómo puedo juzgar el tiempo de amar? ¿O el que se pasa en la cárcel? Aunque en prisión sentí a veces amor o jugué al ajedrez.
- ¿Es el ajedrez una improvisación?
- Me gusta y me hace sufrir jugar al ajedrez. Como pronunciar conferencias: nunca sé qué va a ocurrir. Jugar al ajedrez es una actividad antisolemne. La improvisación es como el músculo del pene, no hay manera de gobernarlo.


- ¿Aprueba las interpretaciones freudianas que se hacen con el ajedrez?
- Tiene tantas interpretaciones como jugadores, incluido las diversas etapas de una partida. Jodorowski un día se preguntó:
«¿Por qué no soy homosexual?»

Pidió a un amigo actor que lo sodomizara. Y lo pasó muy mal. Esto sería impensable para la mayoría de los jugadores.
¿Cómo es la vida para Arrabal?
- No puedo imaginar la vida sin angustia y pecado sin derrotas, victorias ¡o tablas!. Séneca y Plantón amaban a los hombres con delirio, pero se prohibían la felación.
- ¿Dios está a la baja en estos días?
- ¡Eso es blasfemar! El juego moderno y los matemáticos fractales que no son creyentes se interesan mucho por la teoría de los motivos. ¡Los «motivos» de la divinidad! Observados desde un punto de vista profa-no.
¿El ajedrez es también un motivo?
- Quien rechaza la creación... rechaza a Dios.
- Usted dijo en cierta ocasión que existe un arte de preguntar.
- Sí, incluso los policías franquistas que, en 1967, me detuvieron en España, hacían preguntas mágicas y muchos jugaban al
ajedrez entre dos interrogatorios.
- ¿Qué clase de preguntas le gustaría
entonces que le hiciera sobre el juego, cine,
pintura, literatura?
- Las preguntas no son nunca molestas. Son las respuestas las que pueden ser indiscretas. Los policías que me interrogaron pare-cían .jirafas con corazas de acero. Estaban asustados y al mismo tiempo decididos. Eran como alfiles (locos) en el ajedrez.
- ¿Tenía eso relación con su profesión?
- Me imagino a Platón cuando le asaltaron los piratas camino de Atenas. Rodeado de jirafas. Debido a su torpeza, había un lado conmovedor en «mis» policías. Estaban incómodos, hasta el punto de torturar y a la vez amar a su prisionero bíblicamente. Uno gordisimo en los sótanos de la Puerta
- Frente al espejo ¿se siente también juga-dor de ajedrez?
- Me conmoví mucho cuando me regaló un espejo que no se puede romper. Un espejo metálico. Fue sorprendente. Y todo lo que fue sorprendente puede alcanzar la verdad.
- ¿Y se mira mucho en el espejo?
- Mucho, soy una criatura de Dios, él me ha creado a su imagen; por tanto, me miro para saber cómo es Dios.
- El año que acaba de comenzar ha abier-to una polémica bizarra: unos pretenden que la humanidad ya ha franqueado el paso del milenio, otros que no.
- Estamos en el 2753 después de la funda-ción de Roma. No soy ni Wittgenstein ni Kant, ni Kasparov, no creo que exista el tiempo, ni siquiera pienso que sea relativo. Simplemente es inexistente.
- Usted parece ...
- Tengo ganas de cabrearme. Soy como Sócrates: cuando estaba enfadado no azo-taba a su esclavo. Todas estas disputas for-man parte de lo que yo llamo Oxymorons de números.
- Sin embargo, usted se ha declarado defen-sor del simbolismo de las cifras. Los tres ceros después del 2 han hecho fantasear a los jugadores de ajedrez.
- Me habla usted de tiempo y salta a los números No veo la relación. Entre la noche del 31 de diciembre del 2752 después de la fundación de Roma y la mañana del 1 de enero del 2753 después de la fundación de Roma. La Noche Vieja del 2000 pasé cinco horas escribiendo como un monje una partida imaginaria.
- Usted nació en 1932 y ha tenido ocasión de observar la mayoría de los honores del siglo. Hitler, Franco y el resto. ¿Qué opi-nión le merece todo esto?
- Fui testigo indirecto. Fue más bien la gente que me rodeaba la que participó. Sobre todo, mi padre. Ese gran mártir y héroe de nuestro tiempo.
- Usted me habla en francés, después en español, algunas veces con palabras en inglés...
- No tengo raíces. No soy como un tiesto. Tengo piernas como la mayoría de las per-sonas. Por tanto he pasado de una tierra a otra sin problemas: Africa, América, Europa, pero habría podido ser un testigo incluso viviendo en las Antípodas... en Nueva Zelanda.
- ¿Teme usted que la inteligencia artificial en el ajedrez supere a la humana?
- No es posible. Son dos cosas diferentes. Ella puede ganar únicamente. Pero tam-bién ella es una esclava. Sócrates .tenía esclavos. Ahora tenemos máquinas. Es mejor, más tranquilizador.
- ¿Refuerza esto el individualismo?

«Es estupendo que me plagien. Plagiar es
una palabra griega que significa vender y robar esclavos...»

- El mundo del ajedrez que finalizó en 1980 era un mundo de grupos. Ahora tenemos la desgracia y la dicha de estar completamente solos. Como está solo frente e la tentación más voluptuosa. «el solitario del aje-drez».
- Pero usted interviene en el mundo real.
- He estado en casi todos los cataclismos. He participado en la mayoría. Por ejemplo, estuve en Camboya cuando estaban matando a un millón de personas. Después, cuando todo el mundo, incluidos los políti-cos, han denunciado la atrocidad yo me retiré. Nunca paso la factura.
- Ha escrito usted tres cartas: una a Aznar, otra a Castro y otra a Franco. ¿Qué le empujó a hacerlo? Sus otros escritos, sus piezas de teatro, sus películas, sus poemas, su prosa... ¿no era suficiente ya?
- Era una locura poética y suicida. Pues en el momento en que escribí a Franco, Castro o Aznar, ninguno de mis colegas lo había hecho. Hoy algunos lamentan mi olfato. Mis cartas se han convertido en ofensas para muchos.
- quién escribirla una carta hoy? y ¿para decirle qué?
- Escribiría al diablo o a Dios. Pero dentro de diez años, algunos van a lamentar no haberlo hecho hoy. Escribiría a Dios para jugar una partida de ajedrez con él y que-dar al menos en tablas. ¡Divinas tablas!. Yo con las blancas. Dios no puede perder.
Como mucho, puede hacer tablas. No puede perder. Es imposible. Me ha creado a mí... el más humilde de los humanos.
- Pasando a la pintura, usted tiene una colección de cuadros con usted como tema
¿Es una aspiración de inmortalidad divina?
- Encargué estos cuadros en un momento en el que me veía como un monstruo. Y me pintaba para ver lo horroroso que creía ser.
- Se puede ver su nacimiento...
- Es un cuadro sobre el que medito mucho. Este nacimiento ¿luego inspiró a la vaca que ríe?
- ¿Y las vacas locas?
- En el cuadro se ve que de mi boca sale un ser desnudo, qué soy yo, y de su boca, sale otro... hasta el infinito. Significa que en el
principio es el Verbo. Esto, de una forma fervorosa y absorbente, lo tienen muy pre-sente los héroes.
- ¿Es usted Dios?
- También usted lo es. Y yo mismo. Todos somos Dios, si es que Dios existe.
- ¿Es creyente?
- Hago lo posible para que el Dios del aje-drez exista. Hago gestos simbólicamente amorosos. En los aviones o en los coches procuro que el cinturón de seguridad me enlace. Tengo la impresión de que es Dios el que me abraza con maravillosas manos
femeninas. Imagino un Dios de amor.
- Ya que insiste tanto en el ajedrez, ¿qui-siera creer gracias al ajedrez?

- Vivo en la nostalgia de lo que me falta.

Prisión y nostalgia
- ¿Vivió la prisión y jugaba en ella?
- Vi a mi padre mientras jugaba una parti-da contra mí mismo en un calabozo de Carabanchel. Fue un momento muy dolo-roso, pero muy rico desde el punto de vista espiritual. No creo que se den cuenta, los
verdugos de ese añadido que hay en la pri-vación de la libertad. Como muchos otros fui detenido, pero hubiera sido peor en Treblinka. No era un privilegio, de todos modos era un homenaje que un régimen de este tipo podía ofrecer a un poeta: ence-rrarle y prohibir su obra. Es, como si me hubieran dado un premio. El antiguo régi-men me ha dado dos: superdotado a los nueve años y veinte después, Carabanchel.
- ¿Piensa mucho en ella?
- Más que pensar me pregunto, dudo. Cuando estaba hace unas semanas con el Rey de España leí sus manos. La línea de las manos son muy importantes. Ellas no muestran el futuro, sino el momento en el que vivimos.
- ¿Me quiere decir que sólo cuenta el pre-sente?
- Es por lo que los creadores de fractals, se interesan ahora por Dios y al mismo tiem-po por las finanzas y la meteorología.
- Habla siempre de cuestiones universales y, sin embargo, cuando habla de ajedrez se refiere siempre a la trascendencia.
- Mundialización y nacionalización cohabi-tan. Se tiene la impresión de ver en las teles de París, Moscú, Sydney o Lima a la misma presentadora de La rueda de la fortuna que en Barcelona. Sin embargo, las preguntas son las del lugar (en todas partes puebleri-nas). Por ello vivir fuera no está mal. Además el turismo ¿no ha asesinado al errante y al vagabundo?
- Siempre se ha dicho en Francia que muchos le plagian.
- ¡Pero si es estupendo que me plagien!. Plagiar es una palabra griega que significa «vender y robar esclavos». Hay que robar esclavos: la droga para destruirla. Un ser humano es como un árbol. Una vez que le cortan las ramas crece mejor.
- ¿La inteligencia artificial, el mundo vir-tual, suplantará a la realidad?
- Es el mundo del coito interruptus, no es el mío. Es el los jugadores puritanos z aco-sados.
-Y ¿qué es su mundo en el ajedrez?
- Prefiero la inteligencia únicamente. Es decir, el arte de utilizar los recuerdos. Lo que no puede hacer la máquina. Por otro lado, ella no cree en Dios, ni siquiera cree en su propia inteligencia.
- ¿Qué es el amor?
- Creo que no sabe que el amor es hijo de la frustración, de no ser el otro. Amar hace levitar: amar a una partícula de polvo, a una cucaracha, una nube que pasa...
- ¿Usted se ama a mismo incluso cuando juega al ajedrez?
- Pienso que se puede desconfiar del que no es vanidoso. Lo único que me une a mi personaje es que a mí también me gustaría ser santo.


La conversación se podría alargar horas porque Arrabal es un interlocutor infatigable; además, con los años, su carác-ter parece haberse atemperado para solaz de sus entrevistadores, que pueden disfru-tar así de la aguda dialéctica que rezuma cada frase del escritor melillense para el que el arte es «una explosión de vida y de verdad. Y cuando haces arte a través del conocimiento, llegas a la filosofía y al amor, que es lo que a mí me hace levitar».