PATAPHYSIQUE:

 

CULTURA

Tras 25 años, el Colegio de Patafísica vuelve
La Vanguardia - 09:15 horas - 13/08/2000

 

LOS PATAFISICOS DISTINGUEN A ARRABAL
NUEVO SATRAPA.


Una "sociedad de investigaciones eruditas e inútiles", el Colegio de
Patafísica, decidió hace un cuarto de siglo su "ocultación", que debía
durar hasta el 2000. Fiel al calendario, la institución ha renacido en
París, su ciudad natal, tras presentar a su nuevo hombre fuerte, que en
realidad es un cocodrilo, habita a orillas del lago Victoria y se llama
Lutembi. Con esta carta de presentación, no hace falta añadir que la
llamada "ciencia de todas la ciencias" no es como las demás. En lugar de
estudiar las reglas, por ejemplo, prefiere "lo particular y las excepciones", puesto que, tal como afirma, "en la vida todo son excepciones".

El descubrimiento de la "ciencia increada" de la patafísica se debe al
autor de "Ubú rey", Alfred Jarry. Su obra "Gestos y opiniones del doctor
Faustroll, patafísico", aparecida parcialmente en 1898, es el libro de
cabecera de todo seguidor de "la ciencia de las soluciones imaginarias". No
obstante, el Colegio de Patafísica es muy posterior, puesto que se creó,
precisamente, para conmemorar los 50 años del Dr. Faustroll, en 1948.

Una "boutade" tan fabulosa como este "collège" consiguió, en los años 50 y
60, adeptos tan insignes como Boris Vian, Eugène Ionesco, Max Ernst,
Raymond Queneau, Jacques Prévert, Man Ray, Marcel Duchamp, Jean Dubuffet o... Joan Miró. Aunque de hecho, según sus textos canónicos, "todo el género humano es patafísico sin saberlo" y "nada es extraño a la
patafísica". De ahí que dicha disciplina, "arbitraria pero rigurosa", haya
dedicado sesudos estudios -primero en " Cahiers", luego en "Dossiers" y a
partir de ahora en "Carnets Trimestriels"- a temas tan caprichosos como la
geografía de Arsenio Lupín, el arte de fingir, el arca de Noé, la Patagonia, los cactus o los estilitas. Dicha disciplina no tiene empacho en disertar "sobre todas las cosas, a veces con conocimiento, otras con absurdidad, pero siguiendo una lógica todavía más irrefutable, como la del que está loco o chochea". No en vano, la patafísica "es la ciencia que está más allá de la metafísica, de igual manera que la metafísica está más allá
de la física".

Si bien algunas de las contribuciones del Colegio de Patafísica a la
sabiduría humana son discutibles, no se puede negar su paternidad en la
publicación de "La cantante calva", de Ionesco, o su recuperación del
escritor Julien Torma, "el mayor patafísico del siglo XX". También nacieron
en el seno del Colegio de Patafísica, aunque luego cobraron autonomía, los
Ouvroirs de Littérature Potentielle (Oulipo), con Marcel Duchamp, Italo
Calvino y, sobre todo, Georges Perec, escritor de culto de la patafísica,
junto a Queneau y los antes citados, Torma y Jarry.

Calendario patafísico

La patafísica tiene su propio calendario de trece meses, cuya era actual
empezó el 8 de septiembre de 1873, día del nacimiento de Alfred Jarry. Cada día está dedicado a un santo de nueva creación, no necesariamente humano:
San Don Quijote, San Preservativo, San Guillotin, San Esfínter, San Goya,
San Macarra, San Julio Verne, San Sade, Santa Tripa, San Príapo...,
etcétera.

El Colegio de Patafísica es una sociedad que reconoce estar fundada en la
ficción: desde su mito fundador hasta sus convenciones y su jerarquía,
"todo es patafísico". Por eso el Colegio distribuye sus propias
condecoraciones de la Orden de la Gran Barriga -la panza en espiral de Ubú,
símbolo del egocentris-mo- que se distinguen por su color (por ejemplo, la
"mierda de oca"). El cargo máximo del Collège es el de vicecurador, que con anterioridad al cocodrilo Lutembi ocuparon Opach, el "Barón de Mollet" -que fue secretario de Apollinaire- y un Doctor Sandomir que un buen día se
autoocultó, tal vez sin haber existido nunca.

Aunque el ombligo de la patafísica decidiera "ocultarse" al terminar 1974
-tras la muerte de la mayor parte de sus instigadores-, el testigo había
sido recogido en lugares como Milán, Buenos Aires, Budapest, Suecia,
Alemania o Quebec.

La terraza de los Tres Sátrapas -encima del Moulin-Rouge-, un lugar
emblemático de la patafísica, fue el lugar elegido para la primaveral
"desocultación" del Colegio de Patafísica. El acontecimiento también sirvió
para revelar los nombres de los cinco nuevos " sátrapas" cooptados por el
Colegio durante los últimos diez años, uno de los cuales es el escritor
Fernando Arrabal, que después de haber recibido como premio un diploma y un muñeco de peluche, no duda en calificar la patafísica como "una máquina de explorar el mundo".

La ocasión también ha servido para publicar en facsímil un libro cuya
reproducción se tenía por imposible -entre otras cosas, por incluir
mariposas pegadas a mano- del tipógrafo loco del siglo XIX, Nicolas Cirier.

 

Asimismo, el renacido interés por la patafísica ha llevado a la ciudad
francesa de Chartres a organizar distintas exposiciones sobre el
movimiento, lo que la convierte en capital estival de los discípulos de
Jarry. La patafísica llegó demasiado pronto para el surrealismo y el
Colegio de Patafísica demasiado tarde. ¿Simple e incomprensible? La
patafísica tiene su propia respuesta: "La simplicidad no tiene ninguna
necesidad de ser simple, sino que condensa y sintetiza lo complejo".