THEATRE:

 

 

Citas con la polémica
BCN vio lo mejor del dramaturgo

G. P. DE O. / BARCELONA

De las muchas polémicas que el teatro de Arrabal ha provocado en España la de su obra El arquitecto y el emperador de Asiria ocupa un
primerísimo lugar. Se estrenó en abril de 1977 en el Tìvoli de Barcelona, dirigida por el alemán Klaus Michael Grüber, con Adolfo
Marsillach (actor y empresario) y José Maria Prada como protagonistas.
"El texto que se representa no sólo elimina muchas partes fundamentales, sino que añade cosas totalmente banales y gratuitas", aseguró Arrabal, que denunció la situación a la prensa local y a la Sociedad General de Autores, y abrió una agria polémica publica con Grüber y Marsillach.

La presencia del teatro de Arrabal en Barcelona adquirió carta de naturaleza en junio de 1996, fecha del estreno en el Romea de sus obras
El triciclo y Fando y Lis , a cargo del Grupo Teatral Bambalinas, en pleno auge del teatro independiente. Los montajes fueron acogidos con controvertidas opiniones.

El estreno de Oye, patria, mi aflicción (Teatro Barcelona, mayo de 1977), no gustó en general y provocó opiniones muy negativas. Aurora
Bautista. Consiguió el aplauso unánime del publico. El Festival Internacional de Sitges de 1979 vivió otra noche polémica con la
representación de Guernika , con montaje del grupo local El Gall Groc.
Arrabal protagonizó después, en presencia de actores y periodistas, una dura polémica con los responsables políticos de la ciudad sobre la
situación del teatro en España.

Angel Alonso dirigió en el Villarroel otras dos obras: Inquisición (1980) y Tormentas y delicias de la carne (1987), dos buenos montajes
que suscitaron controversia.

Hermann Bonnin
Director de teatro.

Liturgias del pasado

 

Cuando la España de las tres culturas - musulmana, judía y cristiana- deja de existir oficialmente emergen exilios creativos. Voces desarraigadas. Las de Blanco White y Goytisolo, por ejemplo.

Cuando el cruce de civilizaciones es ahogado por el grito de un solo conquistador surgen ecos de poetas ácratas y de libres pensadores que necesitan también del ostracismo y la expatriación para hacer sobrevivir su dignidad desde las contradicciones del mestizaje cultural. Fernando Arrabal, por poner un claro ejemplo.

Más allá de los valores de su extensa y conocida obra - teatral y literaria, principalmente- existe el testimonio de un hombre que de la provocación ha hecho, y con toda seguridad sigue y seguirá haciendo, un excitante y enriquecedor ejercicio intelectual.

Del Fernando Arrabal de Fando y Lis y de Ceremonia para un negro asesinado que nos llegaron de la mano de Gonzalo Pérez de Olaguer y de Angel Facio, respectivamente, el año 1966, al Fernando Arrabal de El cementerio de automóviles que, ahora, recala procedente del Centro Dramático Nacional de Madrid, percibimos los ecos desmitificadores del autor, desprovistos, asimismo, de sus efectos catárticos primigenios. Pura nostalgia, tal vez? Exponente de un tiempo, acaso?