THEATRE:

4 de abril de 2001

Premonición del saqueo talibán

por Fernando Arrabal

Concebí el Cementerio de automóviles en Madrid cerca de Tudescos donde Cervantes conoció el amor y la paternidad. Lo alumbré en un sanatorio antituberculoso francés. Mi versión de 1957 interesó siempre. Los directores y el público creen acceder a un paraíso terrestre... ¡popular! Transforman los enigmas científicos en antiguos y tenebrosos misterios. El protagonista, Emanu, en 1957 vivía aventuras determinadas no por lo que sucedía realmente sino por su interpretación. Un día me sentí como una góndola apresada en un canal de serrín y decidí escribir la “nueva” versión de 1959, ¡que no gustó a nadie! La claridad no estaba de moda. En esta versión –¡nunca representada!– perplejo pero relativamente feliz no supe separar el ayer del hoy, la sombra de la luz, reflejados en el eterno retorno de los mismos conceptos. Los directores desinteresados por la nueva versión siguieron montando la de 1957. La felicidad la veían como un ideal de la imaginación y no de la razón. En realidad, a mi retorno de los Estados Unidos en 1959 quise retirarme del mundo. Lo que me permitió fundirme en él. Y... escribí día y noche. La obra se convirtió en una encuesta, esta vez, sobre los crímenes que me rodeaban. Y a los que estaba en cierta manera obligado de participar. Las víctimas sacralizadas oían el silbido de la serpiente entre las ceremonias y los tabúes. Esta versión la leo hoy con sorpresa y a veces con irritación. Es ¿una premonición donde se escondía mi yo?... ¡y mi futura circunstancia! Pero yo estaba tuberculoso ¡y nunca estuve loco! 
La versión de 1959 verá la luz la próxima semana en el hospital “Innombrable” de Zaragoza que dirige el poeta Raul Herrero. Tras cuarenta y dos años de embarazo. Tomad y comed, este es mi texto con nuevas acotaciones. ¡Alzad el telón!

–Emanu: Podríamos ser, ladrones. ¡Sería divino!
–Topé: ¿No?
–Emanu: Así tendríamos mucho dinero. Lo repartiríamos integramente entre todos ellos ¡los pobres! Hasta la última perra. ¿Sería como si levantáramos el corazón a lo más alto para pedir mercedes? 
[Los saqueadores talibanes en vez de repartirse los bienes se pudren con ellos. No son divinos. Una nonagenaria y sus tres biznietos fueron expoliados por la misma razón: ella ya no tenía toda su cabeza y ellos, menores, aún no la habían alcanzado. Verse morir despojada de su fortuna y cubierta de deudas ¿le permitió alcanzar la santidad? ¡Bienaventurados los pobres!... Ella también hubiera podido recibir la calificación (o el sambenito) de “pobre de solemnidad” que le dieron los vencedores a mi padre (en verdad ¡aprendiz de santo!) en el pasillo de la muerte del penal del Hacho. Mi padre santo, rojo y condenado a muerte mientras yo escribía guaba mi vida. Y dictaba sus palabras al Emanu de El Cementerio de automóviles:]
–Topé: ¿Y podríamos también ser criminales?
–Emanu: ¿Criminal?... ¿No prefieres ser víctima incluso como espejismo del vértigo? 
–Topé: Pero si matáramos saldría nuestro nombre en los periódicos, como el de Napoleón, como el de Stalin, como el de los asesinos nazis, como el de los matarifes terroristas, sería erotico-bestial con los pelos de punta.
–Emanu: ¡No matarás!: ¿No te parece más bonito ser justo que... justiciero enturbanado de odio? 
–Topé: Eres como San Buda (un tiempo) En las películas erótico-policiacas. Lo peor es que los crimines siempre dejan indicios y manchas.
–Emanu: Las que dejan en los sesos y en el alma son de aceite de hígado de bacalao... todo se llena de sangre en el catre de espinas con el corazón en la mano.
[Era una pesadilla frecuente: veía a mi padre agonizar de esta manera ante la presencia de los verdugos con mi madre... cuando en verdad aunque condenado a muerte se escapó para nunca más volver. La obra me asustaba. Alteraba el principio de causalidad. Mientras la escribía... hacía de mí mismo su propia creación. También en el albaricoque el hueso engendra vida.]
–Topé: Todo eso es erótico-bestial como la mula de Atila... pero... ¿y a quiénes matan?
–Emanu: Asesinan sin más análisis que los de la sangre puesta a buen recaudo.
–Topé: Oye, ¿y siempre, te matan por la espalda con la ley del embudo?
–Emanu: Aprietan en el gatillo perforando la sien del inocente, al pie de la letra, sin pestañearles ni el corazón.
–Topé: Así ya podrán, ¡a plomo! ¿Y qué cocodrilo va a traernos lágrimas para desconsolados sin pies de barro? 
[Pensé en una paloma real y no en un cocodrilo. En un ave con una mancha amarilla en el arranque del pico y que anda a pasitos casi desequilibrada por sus enormes alas de ángel. Para no sufrir me empezaron a salir arrugas ¡ya! Eran los pliegues y las rugosidades de mi alma. Este plisado lo creaban los liliputienses talibanes estirando la piel de mi cara durante mi sueño. Cuando me despertaba la soltaban, formaban así esos surcos tan significativos.]
Fernando ARRABAL