THEATRE:

7 de abril de 2001

«El teatro no tiene tiempo ni historia», dice Arrabal

NATALIA LAGO

 

El CDN estrena en Madrid, en La Abadía, su obra «El cementerio de automóviles»


MADRID.- Llega vestido de negro, como siempre, con un corbatín de rayas amarillas y negras y una pequeña obsesión, la tortilla de patata y la siesta: «¿Qué, nos vamos a dormir la siesta?», repitió varias veces durante su comparecencia para presentar el montaje de una de sus obras, El cementerio de automóviles, que se estrenó anoche en el Teatro de la Abadía, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente.

Lo primero que preocupó a Fernando Arrabal cuando se enteró de que el texto que escribió en 1957, que ya ha olvidado, se iba a representar en un antiguo templo fue que el lugar teatral hubiera sido desacralizado. De otra forma, no habría aceptado. «Nos encontramos en una abadía desafectada ante una obra reencarnada. El teatro no tiene tiempo ni historia y por eso, es bello. El teatro joven es el más viejo. Esta representación no tiene nada que ver con las anteriores. Es el cementerio que se encuentra más cerca de mi biografía y de mi geografía».

Tan próximo que Arrabal cree que en el gran teatro de hoy sólo existen cuatro o cinco directores como Pérez de la Fuente. «La mayoría de las direcciones han sido de furor, de impacto. En definitiva, de sangre, sudor y lágrimas. Sin embargo, Arrabal [alarga el final del apellido] es un español, un conquistador, un místico español. Y hay que crearlo de esta manera. Se olvidaron los sentimientos y forjaron un universo de chatarra».

En una sociedad moribunda, desintegrada y sin valores sitúa el director del Centro Dramático Nacional (CDN), Juan Carlos Pérez de la Fuente, la acción de su particular cementerio. «Es un clásico y a lo largo de estos meses que llevamos de gira podemos decir que Arrabal está vivo e interesa». Pérez de la Fuente ha recuperado este montaje después de 18 años cuando El cementerio de automóviles visitó el María Guerrero dirigido por José Luis Alonso. «Son demasiados años para no haberlo puesto en escena antes. España ha dejado muchos hijos en la cuneta. Hablo del autoexilio. Arrabal es español y España tiene ya que ser diferente».

Seis coches en el escenario de La Abadía donde conviven unos personajes de forma desagradable y violenta. «Es Semana Santa, estamos en una iglesia con olor a vómito de niño, a semen y a incienso. Esto es Arrabal y así haremos nuestra peculiar pasión arrabaliana». Aunque el director incide en que no todo se traduce en violencia. «Por encima, existe un mensaje de ternura y amor. Por un lado, es la ceremonia del caos y por otro, la ceremonia de la ternura».

Momentos fascinantes de la vida de Fernando Arrabal se ven reflejados en El cementerio de automóviles. Desde que a los 19 años se le apareció la Virgen a su medio siglo de «agnosticismo inteligente». «Todos los días anoto mis sueños y después rezo, pero no lo hago porque se lo prometí a mamá, como Borges, sino con la esperanza de volver a creer. Yo quisiera creer. Ahora mismo no me considero ni novelista ni dramaturgo, sólo soy un ser que intenta ser feliz», explica el escritor, para quien el teatro es una metáfora de la astrofísica, de las matemáticas de hoy. «Las de ayer tendían a hacer sumas y vieron que eran absurdas. Y el teatro empieza a fraccionar las cosas y el mundo, también. Y se imponen las matemáticas fractales». Y las relaciona con la teoría de los motivos, «que interesa a Dios, a la meteorología...».


El cementerio de automóviles se estrenó el pasado mes de agosto en Santander. Tras una gira inicial, estaba prevista su presencia en Madrid en la sede del CDN, el Teatro María Guerrero, en el mes de febrero. Sin embargo, y debido a unos «animalitos indeseables», como calificó ayer Pérez de la Fuente a las termitas que encontraron en la estructura de la sala, han tenido que estrenar en La Abadía. «Fruto de esas obras de restauración se inicia un camino de colaboración entre dos hermanos», aclara el director del CDN.

Juan Gea, Natalia Millán, Alberto Delgado, Juan Calot, Carmen Belloch, Paco Maldonado y Roberto Correcher interpretan los principales papeles de un «cementerio como ya no habrá otro», según su autor. La obra permanecerá en La Abadía hasta el día 29.