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miércoles 14 de noviembre de 2001

 

El dramaturgo ganó ayer el Premio Nacional de Teatro 2001

  Fernando Arrabal: «¿Muerta? ¿Qué va!, la escena española está más viva que nunca»


El dramaturgo ganó ayer el Premio Nacional de Teatro 2001
Lúcido y lírico, Fernando Arrabal sigue en racha (si es que se puede aplicar la frase, dada su trayectoria). Ayer obtuvo el Premio nacional de Teatro 2001 por una obra recuperada por el CDN, «El cementerio de automóviles», dentro del reconocimiento que su currículum merece. LA RAZÓN habló con él.

Miguel Ayanz - Madrid.-
Para qué negarlo: ser el primero en darle la noticia a Arrabal (y eran ya las cinco de la tarde, parece mentira) da una pequeña y efímera satisfacción. El dramaturgo, desde su casa de París, se muestra sorprendido, sobre todo porque al principio creía que le habían dado el Nacional de Cine. «¿Vaya!, me alegro mucho», reconoce, una vez aclaradas las cosas, y reflexiona: «¿Ese es el ministerio de Educación y Cultura?, Oye, qué bien. Ahí está un poeta que a mí me gusta mucho, Luis Alberto de Cuenca, y además una paisana». Se refiere a la ministra de Cultura, Pilar del Castillo (oriunda de Nador). Con los cinco millones, dice que comprará «bicicletas», y le gustaría recibir el premio saltando en paracaídas sobre Kabul. Así es, divertido, genial, egregio. Además, el Ministerio premia una obra concreta, «El cementerio de automóviles», dentro de la relevancia de una trayectoria como la suya ¿Su opinión? Arrabal contesta:
-Bueno, es el teatro español el que está reconocido. Yo soy un embajadorcito más, plenipotenciario, eso sí.
-¿Aún le emocionan estos premios?
-Pues sí, me emocionan mucho

Compañías catacúmbicas

-A pesar de que ha recibido muchos a lo largo de su carrera, algunos de similar importancia.
-Pero éste era el premio de teatro que más esperaba y que más me agrada recibir, puesto que es el premio del teatro español, que tanto éxito tiene lejos de las fronteras. Durante este medio siglo estuvo siempre presente, como dijo Beckett, el gran teatro español, desde Calderón hasta hoy. Además, si este premio me lo dan a mí, también se lo deben dar al Centro Dramático Nacional, a todas esas compañías pequeñas que están haciendo teatro desde hace medio siglo de una manera clandestina, casi catacúmbica. También a revistas, como la de uno de sus colaboradores, «Teatra» (se refiere al crítico de esta casa Juan Antonio Vizcaíno).
-Se le suele poner como ejemplo de aquel «nadie es profeta en su tierra», alguien no siempre lo suficientemente valorado.
-En España soy muy célebre. Bueno, todo lo que puede serlo un escritor, pero completamente desconocido.
-¿Por el público?
-Sí (se ríe) e incluso por los especialistas. Creo que para muchos paso simplemente por ser una persona que ve a la Virgen todas las noches, cuando en realidad sólo la vi una vez.
-Pero este año pasado se han visto aquí muchos de sus trabajos, desde «El cementerio...» hasta pequeñas versiones de «Breviario de amor de un halterófilo» o «El gran ceremonial».
-Todos los años las hacen, con mucho coraje. Yo les quiero rendir homenaje, igual que al CDN, al gran teatro de vanguardia, al teatro nuevo.
-Últimamente le vemos publicar libros (incluso en Internet), hay exposiciones sobre su obra («Visiones»), pero, ¿sigue escribiendo teatro?
-Sí, acabo de terminar una obra que se va a estrenar en Tel Aviv, «Kafka Clevel»; la penúltima se va a estrenar en el Festival de Aviñón, dentro de una serie de actos bajo el título de «2002, Arrabal 70», por mis 70 años (los cumple el próximo día 24). Pero lo más importante para mí va a ser venir a Madrid, con María Jesús Valdés y la «Carta de amor a mi madre» (lo hará en diciembre con el CDN).
-En estas páginas, Íñigo Ramírez de Haro decía recientemente: «El teatro español está ya tan muerto que da igual lo que digas». ¿Qué opina?
-¿Muerto? ¿Qué va! El teatro español está más vivo que nunca. Yo creo que hay que volverse al tiempo de Calderón, de Lope de Vega, para encontrar un teatro de esta vigencia.
En nueva Zelanda, en Japón, en Pakistán, si usted habla de teatro, se hablará del teatro español.
Me alegro mucho que se haya dado el Nobel de Literatura a un dramaturgo que tradujo nuestras obras al chino (Gao Xinjiang). Nuestro teatro atraviesa un gran momento, y todas estas gentes que me rodean, como Kundera, está muy interesada por nuestro teatro. Nosotros estamos tocando siempre los mismos temas: el amor, la inmortalidad del alma, la guerra... Además, hay que tener en cuenta que hemos creado el «Movimiento Pánico», aunque en España se hable de «Teatro Pánico».
-Y que es mucho más que teatro, además de venir del Dios Pan, no del terror.
-Sí, es un homenaje al Dios Pan, y lamentar la muerte. ¿Vamos a comprar chorizos en Navidad y a acordarnos de este premio! ¿Y en qué consiste?
-Tiene una dotación económica que ahora mismo...
-No, ¿hay que ir a Madrid a recibirlo?
-Bueno, el último se entregó en Burgos, a Ramón Fontseré, actor de «Dalí».