THEATRE :

martes 15 de enero de 2002

«Arrabal alcanza la categoría de clásico con Carta de amor »

JUAN CARLOS PÉREZ DE LA FUENTE Director del Centro Dramático Nacional
Tras recuperar a Arrabal con «El cementerio de automóviles», el director del CDN mete al autor pánico en el Museo Reina Sofía con un montaje ambicioso: «Carta de amor (como un suplicio chino)», un monólogo interpretado por María Jesús Valdés... para 63 personas.


Miguel AYANZ

Un túnel que recuerda el interior de un camión militar conduce a una catacumba en penumbra. 63 sillones con cruces bordadas rodean un pequeño escenario en el que se reparten los objetos más lúgubres, desde un relicario o un edificio en hierro forjado, hasta un brasero y un trono con patas («es un homenaje a Louis Bourgeois», dice Pérez de la Fuente). No es el decorado del próximo vídeo de Marilyn Manson, sino la escenografía de «Carta de amor (como un suplicio chino)», un monólogo de Fernando Arrabal que el viernes estrena el CDN en el Museo Reina Sofía. El propio Pérez de la Fuente dirige a María Jesús Valdés en esta purga del pasado del último Premio Nacional de Teatro escrita en 1998 en la que salda cuentas con sus recuerdos y su familia (su padre, condenado a muerte, desapareció después de la Guerra Civil).
-Arrabal en el Reina Sofía, ¿no temblarán los cuadros del museo?
-Estamos en el centro de arte contemporáneo más importante del país. Que entre una disciplina como el teatro es importante, porque el hecho teatral es el arte más vivo. Que sea Arrabal es una declaración de principios. Atrás queda ese Arrabal provocador cuando la sociedad española era tan pacata, tan provinciana. Él alcanza, con esta obra, la categoría de clásico. Aquí se resume, no sólo todo Arrabal, sus conflictos, sus obsesiones, sino los últimos 70 años de la historia de España a través del personaje de la madre. Es un culto a nuestra memoria, una gran ceremonia. La «carta de amor» que es la obra reflexiona sobre ese cuarto personaje, la Madrastra Historia, que dividió y destrozó como un rayo todas las ilusiones de aquellos tres seres humanos. El texto trata las consecuencias que trajo la Guerra Civil, las que aún hoy tiene para mucha gente. Ahí está el «Guernica», memoria viva de aquel desastre. Aquí va a haber otro «Guernica»: esta obra.

Siempre maldito

-Hasta hace poco, Arrabal parecía un maldito en nuestra escena, Después de «El cementerio de automóviles», «Carta de amor» y otros montajes (hoy comienza en Triángulo «El gran ceremonial»), ¿ha dejado de serlo?
-Estamos descubriéndolo, y eso es muy bueno. Por desgracia, España tarda mucho en hallar a sus autores. Lo de maldito era muy fácil, colocarle el apelativo y así tener ya un motivo para no hacer sus obras. Hay que revisar algunos de sus textos. Vamos a jugar con las grandes palabras, porque no pasa nada: será un ejercicio de limpieza catártico, maravilloso. Si eso es ser maldito, Arrabal seguirá siéndolo siempre. Aquí hemos estado presos durante muchos años de las grandes palabras, como «patria», o «madre», la palabra más sacrosanta. Arrabal lo remueve todo, y eso es bueno. Si algo es su teatro es español.
-¿Demuestra este montaje que se pueden encontrar espacios nuevos?
-Que se puede y que se debe. Un teatro público tiene que hilar más fino. Aquí se produce una comunión, con todos los sentidos: olemos, saboreamos... Hay momentos en que Valdés está a treinta centímetros del público. Eso es un regalo de los dioses. Me gustaría que José Luis Gómez viera este espacio, porque es como una pequeña Abadía.
-Si ésta es una posible tendencia en montajes, ¿qué ocurre con la dirección a seguir por el CDN en los textos?
-Tenemos a Castelao, a Robert Lepage, a Zorrilla, que todavía está de gira...
-Casi todo español, ¿no?
-Sí, y cada vez más. Desde el uno de enero, con Europa unida hasta por una misma moneda, corremos el peligro, culturalmente, de que llegue la globalización, o más bien, la colonización. Debemos reflexionar sobre el papel del teatro público, el apoyo a la autoría española. Hay muchos autores a revisar, como Buero Vallejo. Yo quiero abrir el María Guerrero con «Historia de una escalera»: es un texto absolutamente necesario.
-¿Qué ocurre con el teatro joven, a quién hay que recuperar ahora?
-A muchísimos. Yo creo que sí hay autores jóvenes. En España nos estamos acostumbrado a muy buenas ediciones, aunque hay miedo a contrastarlos en el escenario. El Consejo de Lectura sigue funcionando. Me gustaría revisar también a Sastre, Rodríguez Méndez, Gala, Lauro Olmo... Hay muchos más. Y abrir el María Guerrero y el Olympia