THEATRE :

22 de enero de 2002

Cartas y expiaciones arrabalescas

Fernando Arrabal estrena su monólogo inédito Carta de amor, en el Reina Sofía

 

Fernando Arrabal. Foto: Mercedes Rodríguez

Dedicada a su madre, la última obra de Arrabal es un monólogo donde el autor va desgranando sentimiento y expiando sus demonios: amor, culpa, anhelos... María Jesús Valdés se vuelve a poner bajo las órdenes del director Juan Carlos Pérez de la Fuente, que se adentra en un texto ceremonial, lleno de visceralidad e inédito hasta el momento. Se estrena el 18 de enero en la sala „Las bóvedas‰, un nuevo espacio situado en los sótanos del Reina Sofía.

Arrabal ha escrito muchas cartas y todas con destinos precisos; Carta de amor es la última. Pero antes están Carta a los comunistas españoles, Carta al Rey, Carta a Franco. Este epistolario tiene, en general, una estructura narrativa, periodística y panfletaria, en el sentido puro y apasionado del término. Es de una ingenua visceralidad, lírica muchas veces, poemática casi siempre. A este epistolario, selva de conjuros y exorcismos contra los más insistentes demonios arrabalianos &Mac246;malas bestias de su procelosa peripecia teatral y humana&Mac246;, se une Carta de amor: un monólogo de estructura trinitaria, dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente y encarnado por María Jesús Valdés. Las raíces, narrativas también, de esta carta hay que buscarlas en la novelística de Arrabal, en un texto ceremonial sobre la muerte o el abandono de un teniente. Obviamente su padre.

Condenados a destruirse
La más trágica y conmovedora de estas epístolas es Carta de amor, cuyo subtítulo, „Como un suplicio chino‰, orienta ya sobre el sentido de la relación entre Arrabal y su madre; dos seres que, a pesar del acendrado amor que se profesan, están condenados a destruirse. Es también, con seguridad, la más cruel, la más atrozmente poética y desgarrada. En la medida en que Franco, la bestia negra de Fernando Arrabal, fue el culpable de esa desgarradura familiar, esta misiva enlaza directamente con Carta a Franco. Una diferencia: la carta a la madre acaba convertida en un diálogo de amor y recelo en torno a la detención del padre republicano; la de Franco, en un alegato contra la crueldad y el fascismo. Carta a Franco posee suficientes elementos para convertirse en un monólogo teatral; pero ¿quién sería el monologante? ¿El propio Franco? Sugestivo. Y más sugestivo aún, un coro de furias atormentando al gran verdugo. Carta a los comunistas españoles es una requisitoria contra el aparato dirigente del PCE de todas las épocas, al que atribuye toda suerte de perversidades; la contrapartida es una infinita piedad por los comunistas de base, por su grandeza de espíritu y sus sacrificios. La Carta al Rey no tiene ambiciones históricas ni veleidades dramáticas: es el acuse de recibo de una invitación al Palacio de la Zarzuela, escrito por un anarquista cortés, súbdito fiel de Su Majestad. El texto de Carta de amor, tras ser desgajado del „corpus narrativo‰ del que procede, se ha retocado con imprescindible finalidad escénica. Pérez de la Fuente la ha situado en los sótanos laberínticos del Reina Sofía: fascinante espacio escénico que puede parecer capilla, mazmorra o sala de tortura, da igual. Es un espacio para la concelebración de un sacrificio: la gran ceremonia de una redención imposible. El mito destruido de la madre y la arbitrariedad de los tribunales franquistas son los ejes de Carta de amor.

Sátira política
Para el profesor Angel Berenguer el teatro ceremonial de Arrabal podría definirse, aproximadamente, como una especie de estrategia antifranquista de resistencia. En esta carta eso es evidente si eliminamos, por razones cronológicas, la idea de resistencia para transformarla en una idea de acusación. Y, sobre todo, en una idea de sacrificio: una vía de acceso a la estructura de la tragedia individual y colectiva. Desde el taurobolio, sacrificio de un toro cuya sangre lustral se vierte sobre los fieles, o sobre el sacerdote, hasta la acusación de delatora que el hijo lanza sobre la madre, la expiación, la culpa, la ceremonia sacrificial, en suma, parece evidente en Carta de amor. Esta conexión entre sociología política y estilística dramática, la ceremonia trágica, ha sido el eje medular en anteriores montajes de Pérez de la Fuente, y no sólo en El cementerio de automóviles. El texto de Carta de amor es un punto de partida y no un producto acabado; el lugar elegido, los sótanos del Reina Sofía, refuerza su sentido ritual. La „carta‰ contiene muchos elementos para que el triángulo Valdés-Arrabal-Pérez de la Fuente funcione dentro de esas coordenadas de tragedia y sacrificio.

Javier Villán