FILM:


11 nov. 1999

IX SEMANA DE CINE DE MADRID

16 Al 23 DE NOVIEMBRE 1999

 

«Mi cine es un parto con sangre, sudor y lágrimas. Y una tortura que no deseo a nadie»

La IX Semana de Cine de Madrid exhibe la filmografía completa de Fernando Arrabal

 

Itzíar de Francisco - Madrid .-

De la primera a la última película, por primera vez, «y seguramente por
última», todas las películas de Fernando Arrabal podrán ser vistas en este
certamen madrileño que comenzó ayer. De su cine dice que es como el resto de
su trabajo escrito, una obra «al margen» que refleja su concepción del arte
y que «le hace llorar». Este año anunció en Roma que no volvería a rodar,
cansado ya de lo que para él es «un gran esfuerzo parecido a un
alumbramiento». Su última película, «Jorge Luis Borges. Una vida de poesía»,
se exhibirá el día 23, cuando se clausure el certamen.

un obra al margen. Dice Arrabal que, después de haber acabado su séptimo filme, espera "descansa para siempre"

Dice Arrabal que, después de haber acabado su séptimo filme, espera
«descansar para siempre»

Pronuncia marcadamente algunas sílabas que arrastra hasta el infinito y a
las que acompaña todo un concierto de gestos, como solía hacer su amigo el
surrealista Dalí. Hablar con Arrabal es como jugar una partida de
ajedrez -deporte que a él le encanta-: nunca sabes por dónde va a ir su
próxima respuesta. Pero siempre sorprende, como su cine, que por primera vez
se proyecta conjuntamente gracias a la IX Semana de Cine Experimental de
Madrid.
Le molestan todo tipo de etiquetas, incluso aquellas que definen su cine
como vanguardista y experimentalista, y prefiere ser él quien ponga un
adjetivo a su cine, y que también sirve para calificar el resto de su obra
escrita: «arrabalísima o arrabalesca».
Desde que en 1970 rodara su primera película, «Viva la muerte» -y que
fue censurada por considerarse ofensiva y contraria al régimen franquista»-,
Fernando Arrabal ha dosificado su producción cinematográfica a siete
películas a lo largo de casi 20 años: «Iré como un caballo loco» (1972), «El
árbol de Guernica» (1975), «Los dioses del Pacífico» (1980), «El cementerio
de automóviles» (1981), «Adiós Babilonia (1993), y «Jorge Luis Borges. Una
vida de poesía» (1998).

Continuo sufrimiento
Fatiga, «ataques de nervios» y sobre todo «mucho dolor» son las causas que
alega este artista, creador del movimiento «Pánico» junto a Jodorowski y
Topol. «Cuando hago películas me dan ataques de nervios y cosas parecidas.
Los actores, los técnicos y yo sufrimos muchos, me entra un dolor tremendo,
es como en el amor, porque yo no me siento que me aman, y entonces me entran
unas ganas terribles de llorar. ¿Qué es el amor? Una autoternura, la propia
autolimitación de uno. Pues el cine es lo mismo»
Pero Arrabal ríe cuando alguien le reconoce por la calle y le dice que
tiene cara de escritor -«de poeta», puntualiza él- para, acto seguido,
asegurar que está frustrado en muchos campos, como el de la pintura, y que
no comparte nada con nadie: «Yo soy casi desgraciadamente nada. Estoy en un
rincón -enfatiza las erres-, donde soy una rata de alcantarilla y no
comparto nada con nadie. Por eso creo que hay un error cuando alguien dice
que "Arrabal es un genio. Yo soy normal y corriente».
Fue amigo de Ionesco, de Beckett, de Dalí, pero más allá del recuerdo
queda la figura de Borges, cuyo testamento literario y vital recogió Arrabal
en su película «Jorge Luis Borges. Una vida de poesía», que se estrenó hace
medio año en Roma y que se proyectará en esta Semana de Cine Experimental.
«Durante muchos años Borges y yo nos reíamos mucho porque yo siempre me
presento a los demás como africano. Mis relaciones con Borges nacieron del
humor, que es la autocompasión de las propias debilidades. Yo tuve la suerte
y la desgracia, el susto y el gusto, de que dijera sus últimas voluntades,
su testamento ante mi cámara».
Pero Arrabal advierte a los futuros espectadores: «Si la gente quieren
ir a ver una buena película que vaya a ver "Titanic que es muy buena, o
"Star wars. Pero mi obra es muy especial. No es ni un documental, ni una
película, es un ejercicio de admiración y hay que verla con fervor».
Cuando se se estrenó «Jorge Luis Borges. Una vida de poesía», el
escritor y cineasta ya advirtió que sería su última película, y ayer volvió
a confirmarlo. De hecho, cree que producir sus películas es algo arriesgado
porque «habla de cosas insignificantes que no interesan a nadie» como el
amor, la vida, Dios, y que cada película le supone un año de dedicación. «Mi
cine es un parto doloroso con sangre, sudor y lágrimas. Y una tortura que no
deseo a nadie, ni deseo a mí mismo. Por eso ya no voy a volver a hacer cine»
Pero al margen de clasificaciones que no desea para su cine ni para su
persona, y dado su consentimiento sobre el epíteto «arrabalesco o
arrabalísimo», el autor se autodefine como un poeta: «El realizador de cine
es un poeta, y un poeta es un ser que quiere jugar como Dios, y a veces lo
consigue. Yo querría ser como Dios . He terminado mi séptima película,
espero descansar para siempre». Haga o no haga más películas, lo que está
claro es que este artista que cree, piensa y sueña «en imágenes» siempre se
interesará por un cine «al margen», que es como la poesía. «La poesía no es
una prosa mejor, sino una prosa otra. Y el cine al margen no es mejor, sino
que es un cine otro».