INTERVIEW:

TRIBUNA

3 abril 2000

 

Fernando Arrabal
Escritor

«Hoy solo fornican los ricos»


Fiel a su estilo, este pintor, escritor y dramaturgo convierte la entrevista en un diálogo surrealista en el que, de forma desordenada, tienen cabida la política, la religión y el sexo. El universo arrabaliano abarca todo lo humano y lo divino. Su última novela, Levitación (Seix Barral), corre el peligro de ser entendida como un simple y explícito manual de prácticas sexuales. Pero esconde muchas cosas mas.



El personaje central de su novela es un español en coma al que acosan sexualmente dos mujeres y dos homosexuales. Además, él es consciente de todas esas manipulaciones, que le llevan a descubrir otras fronteras del sexo. ¿Por qué ha elegido esa situación límite?

Me interesaba contar una situación imposible e impensable de un 'yuppie' español cristiano, bíblico, que vive en Nueva York y que se enfrenta tullido e indefenso a ese acoso sexual.
¿Ese español tiene algo que ver con usted?
No tengo nada que ver con él ni con
los cuatro personajes que lo rodean. Es una invención absoluta, tal como ocurre en las grandes novelas, en las de Kafka o en el 'Quijote. Era una aventura que me propuse vivir, mirar y estudiar.
Mientras la escribía, ¿llegó a percibir físicamente lo que sentía el protagonista de la novela?
Es cierto que este libro me ha hecho sufrir, vibrar, y me ha excitado sexual-mente. Hasta hace muy poco en Estados Unidos no se hablaba del problema del sexo oral. Esto se mantenía como un tema específico para ciertas revistas porno, hasta que ocurrió ese asunto entre el presidente Bill Clinton y la señorita Lewinsky. También los biólogos moleculares comenzaron a hablar del sexo oral con total naturalidad. Esta práctica sexual, que parecía muy segura para defenderse del sida, resultó que podía entrañar algo de peligro.
¿Y eso le llevó a escribir este libro?
Mi intención ha sido enfrentar a ese místico español al pecado y al infierno. Quería saber qué le ocurría en una situación sexual tan al límite de lo posible. Pero también hay otras lecturas de la novela.
¿Por ejemplo?
La saturación y banalización del sexo. Es preocupante esa continua petición de orgasmo, como momento capital en la vida del ser humano. El número de personas que fornican hoy es el mismo que había en Ciudad Rodrigo cuando yo era niño. Pero con una variante: los que fornicaban entonces estaban condenados por la sociedad y los que se jodían no haciéndolo tení-
an la ventaja de vivir en el lado bueno de las cosas. Sin embargo, los que no joden ahora, que son la mayoría, están jodidos y frustrados. Ahora sólo fornican los ricos.
¿Sólo los ricos?
Desgraciadamente ese derecho humano está reservado casi exclusivamente a los ricos. El éxito donjuaniza, y ya sólo los famosos o los muy jóvenes fornican. El resto de la gente se queda en su casa, esperando recibir una tarjeta de crédito de El Corte Inglés.
Hace años usted inició una búsqueda desesperada de su padre, que plasmó en la novela Ceremonia por un teniente abandonado ¿Le queda alguna esperanza de dar con su paradero?
No tengo esperanzas. Es como si se lo hubiera tragado la tierra. Es una búsqueda mítica. El mito de Edipo. Es un hombre que fue negado hasta el final y por lo tanto desapareció.
¿Huye de los políticos o son éstos los que huyen de usted?
No huyo de ellos. No tengo oportunidad de hacerlo porque prácticamente no tengo contacto con los políticos, aunque hay alguna excepción. Conocí a Alfonso Guerra, a la ex ministra de cultura Carmen Alborch y a su sucesora Esperanza Aguirre, que fue muy cordial conmigo. Los políticos no tienen que temerme, porque soy muy comedido.

LUGAR DE NACIMIENTO. Melilla.

EDAD. 67 años.


CURRiCULUM. Este dramaturgo, escritor, pintor y creador global obtuvo hace siete años el Premio de Teatro de la Academia Francesa.


Pero usted puso a caer de un burro a Felipe González cuando era presidente de Gobierno.
Yo hablaba de la desamortización del Estado y ellos se lo tomaron como algo personal. En el 93 planteé esa cuestión y me tacharon de reaccionario. Curiosamente, años después un socialista francés y un comunista italiano fueron los que instauraron la desamortización en sus respectivos Estados. Y eso responde a lo que siempre pedí, que es un Estado modesto y moderno.
También pidió la desamortización del Museo del Prado.
¿Por qué no? No estaría mal que lo controlaran manos privadas. Esas manos me parecen algo más responsables que las de los funcionarios.
¿No espera nada de los políticos?
Sería impensable que me propusieran algo, porque yo ya tengo mi puesto oficial, que es embajador de España en Francia.
¿Le satisface esa imagen de provocador que se ha forjado con el paso del tiempo?
Esa imagen se creó en tiempos del antiguo régimen. Pero yo soy una persona discreta y muy razonable. Había que justificar de alguna manera que mis obras de teatro las interpretasen actores como Lawrence Olivier en el National Theater y no se pudieran estrenar en Madrid. Por eso se inventaron que Arrabal ofrecía bocadillos de mierda a los espectadores, algo que nunca hice. También han dicho que yo proclamaba que le quitasen todo a González. Yo nunca he dicho eso. Sólo he pretendido levantar un poco el debate político en España.
Pero no me negará que usted dijo que era antidemocrático que un ¡efe de Gobierno y su familia viviesen en un palacio, razón por la que pidió a los estudiantes que asaltaran la Moncloa y echaran a González a patadas. ¿Ahora pediría lo mismo?
Me parece razonable que todos los líderes políticos vivan cerca del pueblo. Cuanto más cerca se encuentren del pueblo y más modestas sean sus vidas, mucho mejor.

Texto: Femando Cohnen

Foto: Jesús Umbría