CARTA DE S. BECKETT A LA JUSTICIA MADRILEÑA AGOSTO DE 1967

Ante la imposibilidad en que me encuentro de poder testimoniar en el proceso de Fernando Arrabal, escribo esta carta esperando que llegue a conocimiento de la Corte y haga que ésta sirva para dar a conocer el excepcional valor humano y artístico de aquel a quien se va a juzgar.

Van a juzgar a un escritor español que, en el breve espacio de diez años, se ha elevado al primer rango de los dramaturgos de hoy, y esto gracias a la fuerza de un talento profundamente español. En todos los sitios donde se representan sus obres, y esto ocurre en todos lados, España está allí.

Es, gracias a este pasado tan admirable, que invito a la Corte a reflexionar, antes de que emitan un juicio. Y además hay otra cuestión . Arrabal es joven, es frágil, tanto en su especto físico como psíquico. Tendrá que sufrir mucho aún para volver a darnos la obre que tiene todavía que ofrecernos.

Infligirle la pena demandada por la acusación no es solamente castigar a un hombre, sino poner en peligro toda una obra que aún está por nacer.

Hace falta que ésta sea vista no sólo a la luz del gran mérito de ayer y de la gran promesa del mañana, sino también por el perdón, sólo así se devolverá a Fernando Arrabal la pena que le es propia.

Samuel BECKETT (Traducción de J.A.J.)

 

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Por qué me gusta Arrabal

"Siento un gran afecto por Arrabal, y si hubiera sido

preciso firmar otras cartas no habría dudado. Espero

poder decir alguna vez por qué me gusta Arrabal, por qué

me encanta su estilo, por qué amo su espíritu barroco, por qué

amo su cultura tan extensa, su barroquismo y su persona misma."

Eran los años de la dictadura del General Franco. Arrabal tuvo la ocurrencia de ir a España, su país de origen, y así lo hizo. Firmó dedicatorias en sus libros. Una de ellas fue injuriosa para con el General Franco, o juzgada como tal. No se sabe quién presentó el libro de Arrabal al General Franco. Lo cierto es que éste le mandó encarcelar. Fue desde la cárcel, creo, desde donde Arrabal me escribió. A mi esposa se le ocurrió preparar una petición firmada por escritores importantes con miras a la liberación de Arrabal.

Como es lógico, desechamos la idea de presentar ese documento a Sartre o a otros escritores de izquierda. Entonces, mi esposa recurrió a Anouilh, a François Mauriac (porque era católico) y a algunos otros. Solicitamos incluso la colaboración de Gabriel Marcel, el cual hizo la precisión verbal siguiente : firmo porque Arrabal está en la cárcel, pero como no me gusta su teatro "firmaré tan sólo con una mano". Con una mano o con dos, Gabriel Marcel firmó. Los demás lo habían hecho gustosos. Enviamos la carta a España. Y fue gracias a esta carta, firmada por hombres considerados de derecha, como Arrabal pudo ser puesto en libertad.

Aparte de esto, tiento un gran afecto por Arrabal, y si hubiera sido preciso firmar otras cartas a izquierda, a derecha o en el centro, etcétera... no habría dudado en firmarlas de nuevo. Pero, por fortuna, el caso no se presentaría de nuevo.

Espero poder decir alguna vez por qué me gusta Arrabal, por qué me encanta su estilo, por qué amo su espíritu barroco, por qué amo su cultura tan extensa, su barroquismo y su persona misma.

Eugène IONESCO

 

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Un hombre que juega

"ARRABAL no es un contestario, un predicador militante de la moral; es un hombre

que juega. El arte, tal y como él lo concibe, es un juego, y el mundo en cuanto él lo

toca se torna juego. Pero este siglo es un terreno prohibido para los juegos,

una trampa puesta a los jugadores."

HEMOS visto jugadores para quienes nada resulta serio. Y hemos visto hombres que desafían a los tribunales y la cárcel. Pero rara vez hemos visto jugadores que no se tomen nada en serio y que desafíen a los tribunales y la cárcel. Incluso si desafía a Franco y a Castro, Arrabal no es un contestatario, un predicador militante de la moral : es un hombre que juega. El arte, tal y como él lo concibe, es un juego, y el mundo en cuanto él lo toca se torna juego. Pero este siglo es un terreno prohibido para los juegos, una trampa puesta a los jugadores. "Y pusieron esposas a las flores", esta obra inspirada en las cárceles franquistas, la leí en Praga en una época en que otras cárceles eran nuestras pesadillas cotidianas. Entonces me decía : un día se olvidará el horror, pero esta obra de Arrabal, esta sucia maravilla, orquídea de imaginaciones depravadas, esta magnífica flor fétida del mal, esta obra subsistirá. Me equivoqué, desde luego. No es esta obra, homenaje sofocante a Sade, lo que subsistirá, sino las imágenes de Epinal de la nueva reescritura de la historia, las cuales, desde hoy, imponen su visión didáctica de los decenios pasados, ya que, del vientre de este siglo, serio y necio, tan sólo nacerá una seriedad aún más seria, una necedad aún más necia. "El mundo se ha convertido en algo mortalmente, absurdamente serio", dijo Gombrowicz a sus críticos y ellos lo aplaudieron convirtiéndolo ipso facto en escritor serio para morirse.

¿ Como se llama la estrella bajo la que usted camina, oh Arrabal ? ¿Marx, AntiMarx, Saharov, Mandela, Bush ? Nada le es a usted más indiferente que esta honorable mafia de la Historia. Su estrella lleva el nombre de Cervantes. Cuando lo confesó usted un día levantando solemnemente la mano hacia el firmamento, el público que le rodeaba (¿ público de los Marx o de los AntiMarx ? no importa), creyendo oír una encantadora incongruencia, rompió a reir. (Usted lo sabe bien : tan sólo se logra hacer reir en los momentos en que se es más serio.) Con la luminosa claridad de la sinrazón, expresó usted la misma revelación en "La hija de King Kong", el último de los libros suyos que hasta el momento he leído. Es una novelajuego, y cada uno de los juegos, fútbol, rugby, ajedrez, es una prisión de reglas hermosa como la forma exquisitamente ejecutada. Contrariamente al jugador de ajedrez, el artista se inventa reglas para sí mismo, siendo al mismo tiempo el arquitecto de la prisión y el prisionero. "La hija de King Kong", cincuenta capítulos, de los cuales cada uno (nunca más extenso de tres páginas) contiene : 1. Un fragmento de la historia de la protagonista; 2. su evocación de Cervantes (sin exceder nunca de un párrafo); 3. uno o dos proverbios (a la manera de los de Sancho) y 4. una frase sibilina al final. Los juegos son peligrosos : hay prosas, mecanismos de escritura tan "sofisticadamente", tan gravemente, tan sabiamente lúdicos que uno se muere con ellos asfixiado de hastío. ¿Cómo logró usted, oh Arrabal, con unas reglas tan monacalmente severas, tan regularmente aplicadas, parecer tan impúdicamente gracioso ? ¿Cómo se las arregló usted para que un personaje irreal e imposible, caído de la ruleta de las reglas y de los cálculos, me emocionara hasta el punto de leer sus aventuras tan absolutamente absurdas sin poder detenerme, de una sentada ? La educan en un internado religioso, se hace prostituta, logra degollar a sus dos chulos, huye de América : el viejo patrón de la banda la persigue, quiere asesinarla y acaba seducido : no por su cuerpo, ni por su alma, sino por su amor a Cervantes, en quien ella piensa constantemente durante todas sus aventuras. Es Cervantes, y sólo él, el dios de la novela. En el último capitulo, el patrónasesino aparece encaramado en un asno mientras que la prostituta cervantófila lleva por montura un caballo, y se alejan, uno junto a la otra, bajo el entramado de estrellas por las praderas de América. ¡Oh Cervantes, padre nuestro, bendito sea tu nombre, quédate con nosotros, pues nos hemos quedado solos y tan sólo te tenemos a ti en esta tierra. esta tierra mortalmente seria y que no nos ama.

Milan KUNDERA

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Si no existiese Arrabal... habría que inventarlo

"ARRABAL pertenece a esta magnífica estirpe de creadores jóvenes "qui n'ont ríen vu". Su lozanía e inconformismo permanecen intactos. En un panorama literarío tan triste y adocenado como el de la literatura española contemporánea, su frescura, capacidad innovadora y ejemplaridad son únicas. Si no existiese Arrabal, ¡habría que inventarlo!"

Una anécdota atribuida a Erik Satie nos dice que sus amigos, incómodos con el inconformismo e independencia espiritual de que hacía gala, solían Advertirle : "Ah, vous verrez, vous verrez quand vous aurez soixante ans", y que, al llegar a esta edad, el autor de "Parade" y de "Poémes en forme de poire", había respondido : "Eh, bien, j'ai plus de 60 ans et j'ai rien vu". Arrabal pertenece a esta magnífica estirpe de creadores jóvenes "qui n'ont rien vu". Su lozanía e inconformismo permanecen intactos.

En un panorama literario tan triste y adocenado como el de la literatura española contemporánea, su frescura, capacidad innovadora y ejemplaridad son únicas.

Si no existiese Arrabal, ¡habría que inventarlo!

Juan GOYTISOLO

 

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La hermosa consecuencia

Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia, que es la condición indispensable para poder hacerse un sitio en ese confusolimbo de los injustos que se llama el Parnaso. Fernando Arrabal es el adivinador cronista de su tiempo, de nuestro tiempo, y lo da a la historia, con ilimitada sabiduría, el último toque de alabada gracia que sirve a la literatura de remate espiritu al y artístico, también de misterioso colofón.

Siempre pensé que el alma carece de plataforma porque tampoco la necesita : el alma no tiene materia porque la excede y sobrepasa. Ahora pienso que el ojo, mágico y deformador del escritor en estado de gracia punto menos que diabólica, es el tuétano de la argamasa del espíritu y aire que produce la obra literaria, ese arte que se puede tocar con las manos del alma, gustar con los ojos del corazón y paladear con el fino oído de la sensibilidad, esa esquina durísima y a la vez tiema contra la que saca chispas el ala del ángel de la guarda.

La obra de Femando Arrabal está por encima y a un lado de la anécdota y de la representación y más allá de las tendencias y aun de los caprichos. En literatura, el acierto estriba en la meta intuida o presentida, no en el premio sino en su hermosa consecuencia, y más en lo que se baila que en lo que se busca. Nadie sabe si la órbita de las estrellas ha sido creada por Dios, como el hombre o la flor o el pájaro, o es la misma mano de Dios hecha carne o nube o suspiro.

Camilo José CELA

de la Real Academia Española